“Una golondrina no hace verano” fue la respuesta de un
administrador de un restaurante de paellas. Fue lo que me respondió cuando le manifesté
que me iba a quejar y que iba a procurar evidenciar el mal servico que se
prestaba en el lugar.
"El futuro de Bogotá NO está solo en ambiciosos proyectos de infraestructura, debemos darle valor a nuestro comportamiento"
Me propuse hacer lo necesario para que otros clientes no
tuvieran la misma mala experiencia. Y pasaron dos cosas: No pasó nada con el
restaurante y la frase de la golondrina empezó a tener sentido
Tubo sentido cuando llegé al primer piso de mi edificio en
donde es claro que a uno de mis vecinos le importa poco el reglamento en cuanto
al uso de los parqueaderos; cuando pasé por la zona G y alguien parqueó bloqueando
el paso por el anden sin importarle la seguridad de los peatones; cuando vi que
un gran amigo compraba en un local comercial que habíamos denunciado por
incumplir la ley y finalmente cuando a mi novia tuve que recordarle porque no
parquear donde está la señal del prohibido.
Y tiene sentido porque veo que la corrupción se piensa en términos
de millones de pesos y no en un simple gesto de mandarle el carro al peatón.
Tiene sentido porque el número de personas que hacen lo correcto deberia ser
mayor. Y tiene sentido porque pensamos que el futuro de Bogotá está solo en
ambiciosos proyectos de infraestructura y no le damos valor a nuestro
comportamiento.