El transporte
público de Bogotá determina la vida de los ciudadanos. En los últimos 50 años
se ha observado un mal servicio de los buses, pero ahora los ciudadanos saben que
el éxito está en satisfacer las necesidades de transporte con calidad.
El
Transmilenio y otros sistemas de transporte enfocados a la prestación de
servicio de calidad son producto del ejercicio de los bogotanos definiendo sus
necesidades.
Es solo
hasta la entrada en funcionamiento de Transmilenio en la que se puede afirmar
que la prioridad del transporte es el servicio y la satisfacción de trasladarse
de los habitantes de Bogotá con calidad. Es un sistema que necesita mejorar pero es una muestra de evolución.
Es así que
nos arriesgamos a decir que el modelo de empresas afiliadoras de propietarios de buses que venía funcionando hace 50 años perdió su oportunidad de agregar valor a la
ciudad. El antiguo modelo se concentraba en cobrar a propietarios de bus por
permisos para utilizar rutas.
El modelo generó
malas condiciones de trabajo para conductores, desinterés en articular rutas, obsesión
por pagar la cuota de rodamiento, una batalla por recoger pasajeros en
cualquier punto de la ciudad y un claro desinterés por lo que es más
importante, EL BIENESTAR DEL PASAJERO.
Estamos
adoptando un nuevo modelo y lo importante es estar atentos a que cumpla con su
verdadero objeto.
La pregunta
ahora es ¿En que otros servicios de transporte público, diferente a los buses, no se le da importancia a la
calidad?