Entre las calles 60 y 76 entre la carrera novena y caracas encontramos más de 15 quioscos cerrados
El emprendimiento que muestran los vendedores en las calles es destacable en medio del desempleo de Bogotá. La venta ambulante es un servicio que debe ser profesional y ordenado, no debe ir en contravía de los derechos y deberes de ningún ciudadano. Es un servicio al que el peatón accede para satisfacer necesidades con la adquisición de comida, dulces o bebidas.
En la ciudad el distrito ha dispuesto alternativas para impulsar la formalización de los vendedores que están en las calles y se caracterizan por apropiarse de un espacio público sin autorización para ejercer su actividad.
La importancia de ofrecer una alternativa es la asignación de un lugar que el Instituto para la Economía Solidaria (www.ipes.gov.co) ha dispuesto para desempeñar la actividad comercial de manera formal y autorizada. Además de la asignación también se da una asesoría para que los vendedores encuentren en la comercialización de productos una manera sostenible de vivir y mejorar su calidad de vida.
La preocupación radica en el número de quioscos que se encuentran cerrados y vacíos. Los vendedores ambulantes enumeran un sin número de causas para no usar los quioscos y otras alternativas, pero más allá de las causas están las consecuencias de no poder establecer una política robusta que se convierta en la principal herramienta para contrarrestar el desempleo.
Sería la mejor herramienta para dar a los desempleados y a los vendedores informales una oportunidad para tener ingresos y mejorar su calidad de vida.
El reto para el IPES y para el distrito es encontrar un verdadero gestor que potencialice la venta en espacio público autorizado y encuentre varios aliados que encuentren una fórmula para hacer del vendedor ambulante un vendedor profesional capaz de reinventar la actividad del retail.